CAPÍTULO CUARTO DE RANDOLPH
Pues sí que tenías tú razón, Manuel, la arrogancia del pueblo español no tiene precedentes; sin embargo no coincido en tus distinciones acerca de las tendencias morales de nuestra tierra ¿Que mostramos pocos sentimiento hacia lo bello? Ahí tienes al párroco Benito dando explicaciones epistolares con el propósito no sólo de sublimar el genio de un muchacho cualquiera y por ende provocar en los lectores una conmoción, un estado de éxtasis ante la contemplación de ese desafortunado amor; también se regodea en el carácter risueño y encantador del jovencito complaciente y nos lo pone en bandeja cual lechón asado, hermoso y dorado, rico y crujiente al paladar. Es lástima que los lirios no hilen.
- Hoy he visto un sublime, un solemne, un penitente del espíritu: ¡oh, cómo se rió mi alma de su fealdad!
- Federico ¿cuándo has entrado, no te oí llegar?
- Llevo poco, el suficiente para oír las sandeces del prusiano.
- Me marcho, Randolph, te dejo con piquito de oro. Federico, no líes al muchacho, que bastantes problemas tiene ya en la habitación de al lado.
- Paz, caballeros.
- Si este sublime se fatigase de su sublimidad entonces comenzaría su belleza; sólo entonces quiero yo gustarlo y encontrarlo sabroso, jajaja… ñan ñan ñan, ¡que te como Manuela!
¿Ves cómo tenías razón en todo Randolph? Tengo que escribir. Siento que me encuentro en un momento decisivo para desarrollar mis teorías. Ya no quedan mentes como éstas y yo me congracié con ellas haciéndoles favorcillos. A Manuel lo llevé varias veces de polizón en mi camarote. Quería conocer África a toda costa y confirmar la teoría de Hume de que los negros carecen de sensibilidad y talento. A Federico me lo he llevado de putas por Frisco, y pasamos una tarde encantadora visitando las cuadras del persa, mi amigo Ardashir, aquel cuyo reino es justo. Tengo que hacerme con un pc, como sea, si no le birlo a la vieja las perras me lo traigo de casa de la Juani.
- Disculpa un momento, Federico, voy a llevarle a mi madre la sopa.
- Yo me abro.
Pues que te den morcilla, jodío majara. La bandejita, el cuenco, el vasito de agua… Va todo; no es cuestión de dar paseos inútiles. El hombre hecho y derecho debe economizar al máximo sus actos. Pero… ¿qué es ese sonido infernal? Me está volviendo loco.
- Baja la tele, mamá, o sufrirás una cofosis aguda.
- Pero… ¿qué dices, Randolph? ¿Con quién estabas hablando?
- Con nadie. Recordaba en voz alta a mis viejos colegas de alta mar.
- Pero qué alta mar ni qué leches…, si lo más lejos que has salido fue a la boda de tu prima, la de Almuñécar. Y cogiste los amarillos.
- Eres incorregible (foca del ártico). Un hombre tiene su propio mundo interior, pensamientos elevados que el género femenino no puede ni tan siquiera soñar…
- Vale, vale… que esta tarde, a eso de las cinco viene a tomar café Carmelita, la sobrina de doña Lola, que está muy deprimida porque el novio la dejó en el altar, fíjate, que como tú estás ocioso y es una buena chica, que hemos pensado…
- ¿Algo más, dueña de mis días?
- Para ya de joder y déjame comer en paz.
Otra Penélope. A la mujer le gusta creer que el amor puede lograr cualquier cosa: es su superstición peculiar. Como ves, Federico, bebo de tus enseñanzas. Por cierto, y recordando al insigne navegante ¿qué será de James, ese viejo verde? Pero no, ahora no, oigo a las niñas y ha cambiado el tiempo; seguro que salen con las canillas al aire. Voyyy… mis doncellas….
Me cago en dieux, una falsa alarma, era la madre tendiendo. Voy a echarme un ratito, hasta las cinco menos cuarto, no hay que hacer esperar a las damas.
- Hoy he visto un sublime, un solemne, un penitente del espíritu: ¡oh, cómo se rió mi alma de su fealdad!
- Federico ¿cuándo has entrado, no te oí llegar?
- Llevo poco, el suficiente para oír las sandeces del prusiano.
- Me marcho, Randolph, te dejo con piquito de oro. Federico, no líes al muchacho, que bastantes problemas tiene ya en la habitación de al lado.
- Paz, caballeros.
- Si este sublime se fatigase de su sublimidad entonces comenzaría su belleza; sólo entonces quiero yo gustarlo y encontrarlo sabroso, jajaja… ñan ñan ñan, ¡que te como Manuela!
¿Ves cómo tenías razón en todo Randolph? Tengo que escribir. Siento que me encuentro en un momento decisivo para desarrollar mis teorías. Ya no quedan mentes como éstas y yo me congracié con ellas haciéndoles favorcillos. A Manuel lo llevé varias veces de polizón en mi camarote. Quería conocer África a toda costa y confirmar la teoría de Hume de que los negros carecen de sensibilidad y talento. A Federico me lo he llevado de putas por Frisco, y pasamos una tarde encantadora visitando las cuadras del persa, mi amigo Ardashir, aquel cuyo reino es justo. Tengo que hacerme con un pc, como sea, si no le birlo a la vieja las perras me lo traigo de casa de la Juani.
- Disculpa un momento, Federico, voy a llevarle a mi madre la sopa.
- Yo me abro.
Pues que te den morcilla, jodío majara. La bandejita, el cuenco, el vasito de agua… Va todo; no es cuestión de dar paseos inútiles. El hombre hecho y derecho debe economizar al máximo sus actos. Pero… ¿qué es ese sonido infernal? Me está volviendo loco.
- Baja la tele, mamá, o sufrirás una cofosis aguda.
- Pero… ¿qué dices, Randolph? ¿Con quién estabas hablando?
- Con nadie. Recordaba en voz alta a mis viejos colegas de alta mar.
- Pero qué alta mar ni qué leches…, si lo más lejos que has salido fue a la boda de tu prima, la de Almuñécar. Y cogiste los amarillos.
- Eres incorregible (foca del ártico). Un hombre tiene su propio mundo interior, pensamientos elevados que el género femenino no puede ni tan siquiera soñar…
- Vale, vale… que esta tarde, a eso de las cinco viene a tomar café Carmelita, la sobrina de doña Lola, que está muy deprimida porque el novio la dejó en el altar, fíjate, que como tú estás ocioso y es una buena chica, que hemos pensado…
- ¿Algo más, dueña de mis días?
- Para ya de joder y déjame comer en paz.
Otra Penélope. A la mujer le gusta creer que el amor puede lograr cualquier cosa: es su superstición peculiar. Como ves, Federico, bebo de tus enseñanzas. Por cierto, y recordando al insigne navegante ¿qué será de James, ese viejo verde? Pero no, ahora no, oigo a las niñas y ha cambiado el tiempo; seguro que salen con las canillas al aire. Voyyy… mis doncellas….
Me cago en dieux, una falsa alarma, era la madre tendiendo. Voy a echarme un ratito, hasta las cinco menos cuarto, no hay que hacer esperar a las damas.



16 comentarios:
Esto se complica, Ichiara. ¿Cómo ha podido Randolph tener acceso al diario del padre Benito? ¿O es que no hay tal diario sino que éste no es más que una creación del propio Randolph? Randolph que, por cierto, además de ser un pervertido, está bastante pa'allá, me temo, con sus diálogos imaginarios, si es que no te he entendido mal.
Esto se pone muy interesante. Muy pero que muy interesante. A ver cuando se hace Randolph con el ordenador que necesita.
Ahora, que a mí más incluso que sus perversiones me ha dolido especialmente eso de "pensamientos elevados que el género femenino no puede ni tan siquiera soñar". Yo, sólo por eso, lo ahorcaba.
Un beso
Antígona, Randolph es un ser peculiar con profundos y elevados pensamientos más allá de las canillas. Su moralidad está dividida y se debate entre el buen salvaje (de ahí su propensión a exculpar las debilidades humanas recreando confesiones piadosas sin ningún interés, sólo por salvaguardar la armonía en su vida y en el barrio); y el gran dictador, que como tal lleva arraigada buenas dosis de misoginia.
El pc está a punto de caer.
Un beso
La teoría de Hume de "que los negros carecen de sensibilidad y talento" no lo deja muy bien parado, demuestra una vez más que el hombre avanza a ciegas. Sobre todo el blanco, que así le va. Tendré que relerlo y tomar apuntes para no hacerme un lío.
Besos.
Bueno, la misoginia de Randolph está justificada, así que vamos a considerarlo un simple pecado venial...
Lo de Carmelita, me recordó a Les Luthiers. "El novio la dejó en el altar"...la verdad es que podría haberla dejado en otra parte...
Voy a mirar dónde queda exactamente Almuñecar porque, el mar si lo transite en barco (no más que el Atlántico) pero en esta localidad no puse mis pies en la vida.
Un saludo, Maestra.
IChiara, me reí con lo de Almuñecar, pues además de ser un pueblo costero precioso, a mí me pilla muy cerca y he disfrutado de sus playas durante muchos veranos.
Aunque la madre está viva, cada vez se está pareciendo más Randholp a Norman Bates, protagonista de Psicosis...
Esperamos siguientes partes!
Besos y ánimo! Ya queda solo un día para the weekend!!!
Lo que es ignorar la geografía española. Pensé que Almuñécar era un invento licencioso de tu autoría. Pero no es así.
Esta historia está enredada en sus propios hilos y por eso, más interesante. El desenlace no será fácil con tanto nudo...
Esas teorías de Hume, Maki, las leí hace poco en las obsevaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime de Manuel Kant, el insigne visitante de Randolph, en el capítulo Sobre los caracteres nacionales en cuanto descansan en la diferente sensibilidad para lo sublime y lo bello, y de veras que no tiene desperdicio; ningún capítulo, es una lectura muy interesante sobre todo para hacer perfiles de personajes. Por otro lado, echas unas risas, sobre todo en el capítulo III Sobre la diferencia entre lo sublime y lo bello en la relación recíproca de ambos sexos. Llegué a la conclusión de que las cosas que me pasan vienen marcadas por un nacimiento fallido, debí hacerlo en la republique, donde las mujeres son muy, muy encantadoras, jajaja.
Si puedes, que te aproveche (aunque con los perfiles que tú te marcas no sé yo si te vienen bien estas letrillas...)
Besos
Pues es precioso Almuñécar, un publito costero con mucha marcha. Yo recuerdo un verano allá por los ochenta inolvidable. Mientras en la ciudad de maría santísima te echaban mal de ojo por ir un poquito diferente, allí, en el pueblo, había una alegría por la calle una libertad imposibles de imaginar a tan sólo un par de horas de coche. Yo transitaba un bar majísimo donde se escuchaba música de verdad, y no el duo dinámico, jajaja.
Lo de Randolph y las mujeres no tiene cura, sus maestros le dejaron la lección bien aprendida. El otro, el Federico, decía cada perla.... Pero es gracioso, o no?
Un besote
Siby, ya hablé de Almuñécar, una joyita... lo que no conté fue lo del novio alemán, Wolf, jajaja.
Este Randolph ni Norman Bates ni leches, es un tonto de capirote con ínfulas de chulo playero. Sólo espero que aparezca una que lo ponga en su sitio.
Besitos y ya se jodió el finde.
Vill, existe y es un publo muy bonito y con mucha vida. Lo otro, lo de Randolph, no sé por dónde saldfrá, de momento hay varios capítulos más escritos y me temo que la madeja sigue enredándose, jejeje.
Un besote.
Isabella,
La pobre Carmelita... mejor que no se acerque demasiado a Randolph porque corre el riesgo de que esta vez, en lugar del altar, la dejen en sitio peor.
No sé, a mí me pasó como a Sibyla, que me vinieron ciertas imágenes de Psicosis, y además de una ópera de Hindemith en donde una vieja se hamaca permanentemente en una mecedora y en derredor de ella, ocurren desastres.
La anciana madre y su sopita...
Me voy a quedar pensando en algunas frases perladas que has escrito aquí. Ya las tengo taladrando dentro.
Besos muchos,
R :)
Me había perdido un poco, lo he vuelto a releer desde el primero,¡Me ha encantado! y me da un poco de pena Randolph. Por sus sueños, sus aspiraciones y la tirana de su madre, la situación es para enfermar, aunque por otro lado me parece un cobarde y un enfermo mental, pues del dicho al hecho hay un trecho y todos podemos permitirnos el lujo de soñar, pero quedarnos al margen, y Randolph además de no hacer nada es bastante parásito, en fin veremos como acaba la cosa.
Un beso
Coño, Ichiara, ¡ahora me cuadra lo del prusiano!
Me pregunto si entonces Federico es Friedrich, el de los enormes bigotes y trágico final en brazos de la locura.
Este Randolph es una caja de sorpresas. Filosofía y perversión, una combinación que puede dar mucho juego.
Besos
Raquel, aún no sabemos por qué dejaron a Carmelita plantada en el altar.
Lo de la anciana madre y la sopita sí es una situación fácilmente imaginable. Y si la anciana madre es una mala pécora autoritaria y recelosa de todo lo que se acerca a su único hijo más todavía.
Yo sigo sin verlo como Norman, lo imagino como unos cuántos con nombre y apellidos y que no son hijos único precisamente. Pero es un personaje enternecedor, tiene sus puntitos de claridad, a veces.
Un besote ;D
Hala, es genial eso de enfermo mental, nunca lo había visto así y en cierta modo más que enfermo me parece un auténtico retrasado mental, aunque tenga sus delirios de grandeza, jajaja
Besos
Antígona, sí, es él, por eso Randolph lo llevó a visitar las cuadras de Ardashir. Dicen que desde su violenta muerte está obsesionado con el género equino. Por otra parte ya sabemos de su afición a las yeguas.
El otro, James, era también muy aficionado a las yeguas y me contó Randolph que fue por estas tierras que soportan el peso de mis años donde conoció a Lunita, la madre de Molly.
Hay algunos ilustres más pero ahora andan recogidos, sólo salen cuando templa el aire.
Besote
Isa,
Tienes razón porque Randolph no es un personaje a ser juzgado en blancos o negros, sino que está cargado de matices. Yo voto para que tenga su PC.
La vieja me da miedo...
Besos para ti de ambas
Bueno, entre consejos del prusiano y consejos del sajón, yo que Randolph me quedaría con los del sajón. No sé si serán mejores o peores, pero seguro que todo será más divertido.
En cuanto a la cita con Carmelita, espero que Randolph se comporte y deje a un lado las enseñanzas de los amigos alemanes :P
Por cierto, el viejo James ¿es verde por el color de su isla?
Salud!
Raquel, la vieja es muy osada, cree que puede exprimir al muchacho hasta la cáscara, y no es consciente de que la criatura está sufriendo una transformación (tardía pero efectiva).
Ya mismo llega el pc. Él sólo tiene que poner en orden sus infiernos.
Besitos
Lagarto, yo también me quedo con el sajón, sin duda, las constradicciones tienen el encanto del riesgo, de andar por el filo de la navaja. El prusiano, más serio y formal, gustaba de apoyar sus nalgas en sitio seguro.
Carmelita es lista, no creo que se deje avasallar en exceso.
James adoraba su isla, y yo también, su gente, su cerveza, su música y sus bucólicos acantilados.
Besotes
Vaia vaia, que no me han dejado naa pa comentar!
Pues bueno, que me hagustao musho tu testo, muhé.
Y que viva la mare que te parió!
:)
Ay Pradero, qué cachondo eres. Más le vale a la mare que me parió no leer demasiado de aquí porque luego se enfada y me riñe, jajaja
Besotes
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