CAPÍTULO SEXTO DE RANDOLPH
El hombre sin rostro se acercó sigiloso a la valla cubierta de vegetación que separaba la calle del internado. Ella estaba allí; oculta tras el entramado de hojas violáceas y ramas compactas. Oía sus gritos, sus risas de rata amenazada. Entre las otras, ella se hacía confusa, un ser desdibujado sin una identidad manifiesta, un miembro más de la manada de batas blancas y cabezas afeitadas. Apartó cuidadosamente un matojo para buscarla con los ojos, para cerciorarse de que el cordón que los unió se mantenía intacto pese a los acontecimientos, el recuerdo vivo, la necesidad apremiante. Ella se volvió y lo miró. Después, inducida por un complejo desconocido, se llevó las manos a la cabeza y cubrió su cráneo: una gota inoportuna resbaló por su mejilla; la dejó escapar. Se giró y se incorporó al juego. El hombre sin rostro imaginó su lengua deslizándose por la piel áspera y esbozó una sonrisa.
- ¿Quién es ella, Randolph?
- No lo sé. Una mujer cualquiera.
- ¿Y qué espera de ti?
- La muerte, supongo.
Lenta y gozosamente. Y después, de la mano la conduciré a los infiernos donde nuestros cuerpos arderán hasta el día del juicio final. Para renacer más tarde en otra cáscara, con una simiente que en lugar de unir nos separe, nos aleje de la maldición parental. Tú no lo entiendes, Carlos, no todo lo malo habita en las partes oscuras del cerebro.
- Randolph, son las diez ¿con quién hablas?
- ¿Y?
- No, nada, que podría preparar algo de cena. Si te apetece.
- Muchacha, soy un hombre casado ¿qué te has creído? Debo volver a casa.
- ¿Con tu madre?
- Bueno, un vinito no estaría mal ¿tienes ternera o pollo?
- Veré.
Se está bien aquí, hay sitio de sobra para los dos. Y sin molestias. Debo concentrarme.
- ¿Y quién es ésta, Randolph?
- Bah, es Carmelita, vive aquí, pero ahora está entretenida con sus tareas ¿Dónde te habías escondido?
- En tu cabeza. Imaginó su lengua deslizándose por la piel áspera y esbozó una sonrisa ¿Qué-coño-es-eso? Ahora te dedicas al gore literario.
- Lárgate, que viene.
Ah, y con una copa de vino. Esta tía quiere marcha. No me extraña; a mis cuarenta y dos años muestro una figura apolínea, tengo pelo en abundancia y las facciones de mi rostro anguloso me confieren una apariencia de tío atormentado, maltratado por la vida, y eso a las féminas las pone cachondas.
- Gracias, mi ángel.
Uhm… ¡Qué bouquet! Tiene gusto la Carmelita. Un regusto amargo en la punta de la lengua… uhm… seguro que es de cosecha, los restos del naufragio del bodorrio. Me está entrando sueño. No puedo moverme, tengo los miembros entumecidos. Carmelita, Carmelita…
- Vaya, Randolph, veo que te estás preparando para una sesión con mamita… No te preocupes, que me preparo enseguida. Espero que te guste el olor del cuero.
- Carmelita, qué cuero, quién es mamita.
- ¿Quién es ella, Randolph?
- No lo sé. Una mujer cualquiera.
- ¿Y qué espera de ti?
- La muerte, supongo.
Lenta y gozosamente. Y después, de la mano la conduciré a los infiernos donde nuestros cuerpos arderán hasta el día del juicio final. Para renacer más tarde en otra cáscara, con una simiente que en lugar de unir nos separe, nos aleje de la maldición parental. Tú no lo entiendes, Carlos, no todo lo malo habita en las partes oscuras del cerebro.
- Randolph, son las diez ¿con quién hablas?
- ¿Y?
- No, nada, que podría preparar algo de cena. Si te apetece.
- Muchacha, soy un hombre casado ¿qué te has creído? Debo volver a casa.
- ¿Con tu madre?
- Bueno, un vinito no estaría mal ¿tienes ternera o pollo?
- Veré.
Se está bien aquí, hay sitio de sobra para los dos. Y sin molestias. Debo concentrarme.
- ¿Y quién es ésta, Randolph?
- Bah, es Carmelita, vive aquí, pero ahora está entretenida con sus tareas ¿Dónde te habías escondido?
- En tu cabeza. Imaginó su lengua deslizándose por la piel áspera y esbozó una sonrisa ¿Qué-coño-es-eso? Ahora te dedicas al gore literario.
- Lárgate, que viene.
Ah, y con una copa de vino. Esta tía quiere marcha. No me extraña; a mis cuarenta y dos años muestro una figura apolínea, tengo pelo en abundancia y las facciones de mi rostro anguloso me confieren una apariencia de tío atormentado, maltratado por la vida, y eso a las féminas las pone cachondas.
- Gracias, mi ángel.
Uhm… ¡Qué bouquet! Tiene gusto la Carmelita. Un regusto amargo en la punta de la lengua… uhm… seguro que es de cosecha, los restos del naufragio del bodorrio. Me está entrando sueño. No puedo moverme, tengo los miembros entumecidos. Carmelita, Carmelita…
- Vaya, Randolph, veo que te estás preparando para una sesión con mamita… No te preocupes, que me preparo enseguida. Espero que te guste el olor del cuero.
- Carmelita, qué cuero, quién es mamita.



16 comentarios:
Es bueno el escrito, ha sido un acierto poner en negrita esa introducción desriptiva.
A Randolph no le falta de nada, qué mente más poblada...
Un abrazo.
Pasar la lengua por una piel áspara? Eso sí que es poco morboso....
Tienes razón en lo que apuntas de los hombres atormentados. Antes estos, a la mayoría de las féminas se les activa el Síndrome de Juana de Arco.
Un saludo, Maestra.
Alfaro, Randolph es un hombre del renacimiento, aunque beba vino de brick.
Lo de la negrita es instrucción del propio escritor, para resaltar la oscuridad de esa vida en casa de la madre.
Un abrazo
Carlos, depende de las papilas ( es así?) gustativas. Las de Randolph están dormidas, demasiado alcohol, demasiado tabaco, demasiada bilis fluyendo. Al hombre misterioso le gusta. Y no voy a seguir defendiendo los gustos de la criatura que me embalo y ...
El punto canalla, no? divertido hasta que se comprueba que sólo hay eso y el resto simpleza.
Un beso
A lo mejor es que Randolph tiene la lengua áspera como los gatos y no siente nada al pasarla....
O puede que el craneo rapado de la reclusa le produzca la misma sensación que lamer una manzana amarga. O también que sus deseos vayan más allá de la sensación física. Con este hombre nunca se sabe.
Me gusta la intro en cursiva. Veo en él al típico sátiro que se toca cuando ve a las niñas.
Parece que siente fascinación por lo religioso, la lectura de alguno de los libros de la Tere le vendría bien.
Besos.
A esos sátiros los conozco, del autobús y de alguna experiencia de chiquilla, jajaja, sin consecuencias mayores afortunadamente que el bordeo y el asco posterior, y el descubrimiento de que la mente humana es más complicada de lo que un niño puede llegar a digerir. La intro responde, como dije a Alfaro, de un deseo del autor, que quiere ver su obra publicada antes, si acaso, de que las teclas resuenen en su memoria. Anoche leía, de madrugada, después de regresar de una sesión de cine de estreno de la adaptación de una obra afamada, aplaudida y masivamente vendida, que literatura y fama no hacían buen avenimiento, paradójico después del visionado. Creo que tiene razón Bolaño con su apreciación (vuelvo a tu comentario, porque después de un rato de carajas mentales me perdí y no sé a qué viene tanto palabreo).
Lo religioso viene al trapo porque del alguna manera (y de todas) nos movemos en un mundo simbólico, aunque nos pese. Cargamos con una tradición de la que es difícil desprenderse y que nos pesa sobre las espaldas, aún cuando muchas veces no seamos conscientes de que llevamos ese lastre detrás. No somos libres, nos pesa la tradición.
Buah... ésto debe ser producto de una semana rica en acontecimientos, o del aperitivo compartido con mi madre, o del hartazgo de tanta miseria.
Besos
Pues escribe muy bien este sátiro, no podrá nadie decir que la podredumbre moral o los deseos perversos no sean alimento de una buena pluma.
Me intriga quién es este Carlos con quien Randolph dialoga esta vez, hay qué ver cuántos fantasmas pululan a su alrededor y le entretienen con sus preguntas. Descarto por descabellado a Marx, claro, jajaja, y sólo se me viene a la cabeza Jung, aunque quizás sea igual de descabellado.
Y si la mamita y el cuero no son fruto de su fantasía, esta Carmelita es una auténtica caja de sorpresas. ¿Se habrá topado Randolph con la horma de alguno de sus zapatos?
Besos!
Ah, se me olvidó. Este cretino de presunta figura apolínea no necesita abuela, eh? Supongo que como la mayoría de los cretinos, que gozan de un ego henchido e inmaculado.
Más besos!
Qué larga que eres, Antígona, Marx por supuesto que no, pero sí Carlitos Jung, que se acerca cauto oliendo quizás una nueva pestilencia del inconsciente humano, jajaja. Lástima que la presencia en el salón de Carmelita no le dio carrete para indagar más allá de la evidencia escrita. No obstante, con esta criatura, Randolph, Carlos lo tiene muy claro, o se topó con la alegoría del retrete colectivo, o con el fantoche heróico de un nuevo romanticismo en estos tiempos. Lo que no cabe duda, es que el muchacho tiene su talento, tantas visitas deben dejar alguna huella, aunque sea por mímesis espirituosa.
Carmelita no se deja avasallar, no.
El ego de Randolph le ha permitido sobrevivir al lado de la madre devoradora.
Besotes
A mí me dio escalofríos visualizar la escena de las rapadas con la bata blanca, y una enorme lengua saboreando el cráneo áspero de la pobre desgraciada.
Es como si en las reclusas, la mente encontrara algún placer morboso, sabiendo de las restricciones que allí se suceden.
También me quedo pensando en lo que Randolph le dice a Carlos: "Tú no lo entiendes, Carlos, no todo lo malo habita en las partes oscuras del cerebro".
Y en cierta forma es así... hay partes oscuras del cerebro, de donde nacen las grandes genialidades o en donde se destapan aquellos pensamientos tapados por la represión.
En cambio, el satirismo de los Randolphs del mundo, parte de una zona que ellos mismos ven con una simpleza pueril.
Ya imagino esa casa de él y su madre como una gran planta carnívora fagocitadora.
un beso y un abrazo, Isabella :)
Sí que es morbosa la imagen del tipo lamiendo el craneo rapado y la chica en bata, Raquel, me lo has puesto tan evidente, tan gráfico que no me había percatado.
No sé qué habita en las oscuridades de la mente, ojalá pudiera llegar allí aunque debe ser aterrador encontrarse de repente con tantos siglos de historia acumulada. Eso si que sería como una madre fagocitadora, una madonna histérica guardando con celo las migitas.
Randolph no se plantea más allá de su propia realidad.
Un besote por duplicado.
No imaginaba a Carmelita de cuero, dando caña a un Edipo cuarentón. Este relato está lleno de sorpresas y de personajes interesantes.
Yo tampoco, Lagarto, pero me alegro si saca a la gwendoline y le da un repaso a míster proper.
Un beso
Ojú!!
Che Isa, ese tal Carlos, ¿tiene apellido compuesto?
:)
Una maraviglia.
Ah, te paso un dato: yo no tengo pelo en abundancia, ni mi rostro es anguloso, y a las chicas también pongo cachondas.
;)
Besos!!
Eso ya lo imaginaba yo JP, que tienes una dotes amatorias verificables, jajaja, y ampliamente comentadas. Hace unos días, sin más, me vino una piva a chivar el choteo de la pava bajo las estrellas. Me dio una envidia...
Un besote
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