miércoles, 8 de octubre de 2008

MI VIAJE A LA LUNA

Cuando me comunicaron que iba a formar parte de la expedición yo me hallaba sumido en un profundo sueño. Poco rato antes caminaba por un sendero abierto en el maizal. Mi objetivo era alcanzar la figura mortecina y grotesca que se alzaba al fondo de los tallos con los brazos en cruz. La figura se mecía levemente a merced del viento de poniente, caprichoso con mi sombrero, emperrado en seguirlo por entre el maizal. A cada rato, la ventisca, en connivencia con mi sombrero, me desviaba del camino y vuelta a empezar: primero girar sobre mis pies en punta para alcanzar a ver la falla en la uniformidad; después, caminar en línea recta apartando los largos tallos hasta encontrar el suelo desbrozado, de nuevo el camino, el sombrero encasquetado, el espantapájaros cada vez más lejos.


La expedición estaba a punto de partir, no había tiempo que perder, la luna aparecería de un momento a otro. Mi objetivo se desfiguraba en el claroscuro que dibujaban los últimos rayos del sol; una sombra apenas. Yo caminaba cada vez más deprisa, tropezando con los restos de mazorcas esparcidas por la tierra, las manos como garras aferrándose a los enhiestos tallos ahora paralizados por la noche. Me dolían las rodillas, ella estaba apareciendo, estampando la figura contra su corola blanca, afianzándola en su centro de gravedad como un camafeo gigantesco que sirviera de adorno a este descolorido planeta.

Se me antojó que algo se estaba cociendo en el paladar del mundo; algo grande no exento de gravedad. Ya te lo dije, cuando la fiebre salvaje azotó las calles y se apoderó de todos. Manoseaban el aire atrapando los sueños que amables vendedores ofrecían ufanos. Las greñas enredadas en sus dedos servían de moneda de cambio. Algunos, incluso, apartaban a sus hijos para entregarse al Hacedor que desde la gran pantalla emitía en prosa ilusiones anheladas.

El teléfono suena de nuevo, faltan pocos minutos, ella nos espera, y yo quiero alcanzarla con los brazos extendidos. Para ella, que probó el antídoto de la locura y ahora se mece plácidamente fraguando poemas de amor.

9 comentarios:

alfaro dijo...

Qué poético, cuánto me gusta, como casi todo lo que escribes aquí resulta difícil discernir realidad o fantasía, o locura quizá en este caso, pero voy sobre la belleza de las palabras, cada párrafo un poema.
Me ha gustado mucho, mucho.

Vill Gates dijo...

A mi megustaría toparme con ella, la que nos espera y fragua poemas.
Entre las mazorcas o en cualquier otro lado.
Llevaré mi sombrero.
Saludos, un gusto leerte.

Makiavelo dijo...

Ante la indiferencia es la mejor opción. La más sensata.

Besos.

Carlos Paredes Leví dijo...

Me encantó la última frase, de modo particular. Qué afortunada y qué raro privilegio....¡

Un saludo, Maestra.

Ichiara dijo...

Alfaro, esto salió después de una breve sesión televisiva, una noticia sobre alguien que había vuelto de la luna, y algo que leí que venía a decir que Dios nos había abandonado. Locura, fantasía, realidad... son tres conceptos que se me solapan a menudo.

Besos

A ella, Vill, la tenemos todos muy cerca, aunque si vas con sombrero seguro que te atiende en primer lugar.

Gracias, un beso.

Sí Makiavelo, la indiferencia es un arma poderosa para luchar contra los vanidosos de medio pelo y los que se llaman a sí mismos creadores.

Besos (ya me dirás)

No es tan raro el privilegio, de veras, Carlos, ella está presente en mucha gente, lo que ocurre es que en algunos toma una forma poco apetecible para los que gozamos de cierta sensibilidad. Así es la chica, maleable y manejable al gusto. No a todos les fragua poemas de amor, pero aseguro que a todos los que andáis por aquí os tiene reservado el vuestro.
Me encanta esta comunicación porque pienso en la cantidad de vidas, de posibilidades que cualquier pequeña historia ofrece. Tantas como ojos.

Un beso

unServidor dijo...

Mi plan es ir al sol.
Para no quemarme, viajo de noche.

Carlos Paredes Leví dijo...

Le conté que, en las noches de luna llena, tengo problemas para dormir ?
De ahí, precisamente de ahí, debe venirme mi condición de "lunático"...digo yo
Saludos.

Juan Pablo dijo...

Quiero una luna toda para mí, oye, la quiero ya!



"...emitía en prosa ilusiones anheladas!!!!"
que fabulosa metáfora!!!

Besos Isa, me encantó.

Ichiara dijo...

Servi, es una magnífica idea, viajar de noche al sol. Siempre asociamos la noche a la luna y fíjate que también tenemos al otro que es el que realmente nos ilumina y nos calienta el coco.

Besotes.

A mi gata también le pasaba. Las noches de luna llena se sentaba en la cama y miraba por la ventana, hipnotizada. Mis insomnios vienen de otras lunas, que al final es lo mismo. Dice Ud bien, lo de lunáticos lo compartimos.

Besos, Carlos.

Tú también? a la luna? pero eso sí, eh? no me traigas ni monas ni jacas ni recauchutadas, si quieres a la Stone, vale, así nos canta en el viaje.

Ése, el de la prosa florida también se inyecta silicona, en el cerebro. Pero quedó bonito.

Besotes Juan Pablo.