domingo, 24 de julio de 2011

Enamoramiento

Esta vez vino por derecho. Directo y sin contemplaciones se me acercó y me estampó un sello en la mejilla: me enviaba lejos, a un país que hace tiempo olvidé siquiera que existía. No dije nada; dejé que me empaquetara bien apretadita, atada con un cordel de cáñamo que se empeñó en reliar una y otra vez alrededor de mis piés, mis muslos, mi cintura... Tampoco dije nada esta vez, cuando a punto de cerrarme la boca con la cuerdita, y por temor quizás a un daño irreparable, se sacó del bolsillo una etiqueta autoadhesiva y la presionó suavemente sobre mis labios mirándome a los ojos. Después se dio media vuelta y se marchó.

Habito quieta, desde entonces, en este país tan extraño.

5 comentarios:

mjromero dijo...

Es lo que vulgarmente deimos con la frase de que el amor es ciego, el enamoramiento es castrante, más o menos como lo describes.
Me alegra leer todas estas entradas.
Un abrazo.

Makiavelo dijo...

En la etiqueta seguro estaba escrito el destino. ¡Todo un lujo de paquetito.

Besos.

Apolo dijo...

Hay que ser un patán para comportarse así, pero como sabemos el amor es una pasión, y como en ellas sobrevaloramos las virtudes y despreciamos sus tantos defectos.

Seguro que cuando la desempaqueten habrá aprendido la lección.

Ico dijo...

Mientras seas de cánamo andarás en el país de Alicia, otra cosa es la resaca del día después..lo mejor del enamoramiento es que se pasa.. besos

adriana stein dijo...

Tanto tiempo, Isa! Algo ha cambiado en tu registro: tus relatos crean un clima opresivo, kafkiano.
Me alegra que sigas en la brecha y que las palabras te respondan, un abrazo